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SOBRE BIBLIOGRAFfA ALTAFULLENSE (1970.1977)

Intentamos repasar la bibliografia publicada durante los años indicados, de la que tenemos noticia, sobre Altafulla. de contenido fundamentalmente histórico.

Gracias al «Centre d'Estudis» se ha puesto en marcha esta labor que deberá continuarse buscando tanto lo publicado en años anteriores como siguiendo paso a paso lo que a partir de este arío aparezca en el mercado editorial. Nos referimos concretamente a libros y revistas especializados, esperando que con la colaboración de un equipo de personas interesadas podremos dedicar nuestra atención a otros campos científicos, próximos o relacionados con el de la historia.

Ya es un síntoma positivo el que una serie de inviduos. profesionales e interesados en diversas disciplinas sientan atención hacia estaslabores. Y más, en Altafulla, pequeño municipio cuyo padrón no llegaa los mil habitantes, pero con historia rica y todavía por estudiar en muchos aspectos.

Sobre la Altafulla de hoy inciden una serie de significantes como Tamarit, el Baix Gaià , el comercio setecentlsta, la crisis decimonónica, etc., que deben explotarse al máximo para desentrañar su significado utilizando para ello procedimientos fiables que autoricen a llegar a conclusiones veraces.

Para ello, hay que partir de lo que tenemos, depurando y revisando. En caso contrario, andaremos por vía poco certera.

Un haz de cuestiones nuevas se nos plantea y de las que los sociólogos de la cultura nos podrían hablar extensamente. Nos referimos a las posibilidades de investigación, al logro acertado de objetivos y a los canales de difusión de los resultados. Puede haber cantidad de trabajos adecuados pero las posibilidades de distribución al público de estos productos pueden ser mínimas: es el caso de investigadores que no pueden publicar porque no hay vehículos de lanzamiento o ya están copados los existentes. Entonces, los originales tienen un alcance difusorio reducido (es dificil saber quién ha estudiado el tema concreto o todavia más prolijo conectar con el público que se interesa por aquellas mismas cuestiones; tanto en uno como en otro caso, falla la información) o bien. se quedan en el fondo de un cajón, lo que para el autor, a fin de cuentas, es altamente frustrante (pérdida de energía y tiempo, retroceso en el avance que supone la investigación, etc.).

Con todo, Altafulla, como veremos a continuación, no se ha visto desatendida en estos últimos aiios. Con las notas que siguen. Queremos, a nivel reducido, naturalmente -pues hemos hablado de aposibilidades»- prestar un servicio a nuestro entorno humano. En síntesis, se trata de ofrecer «información».

Josep M.B Recasens i Comes, conocido historiador del Tarragon&, nos da una visión general de la población (1) a la vez que esquemática. dada la naturaleza de la obra en que se comprende. Advertimos deslices: la iglesia parroquia1 es del s. XVIII, y no del xvii. como se afirma, pues consta documentalmente que la primera piedra fue colocada en 1701. Y no se consagra en 1702: por el contrario, fue bendecida el 4 de octubre de 1705. Junto al texto aparece uno de los habituales -en esta publicación- cuadros sinópticos que recoge datos referidos a la población en 1758, 1787. 1860, 1900. 1930, 1960 y 1965 (añadamos por nuestra parte que la población de hecho en 1970 era de 957 habitantes, y en 1975, de 1.014). extensión del término. % de población diseminada, explotaciones agrarias, renta per cápita, demarcaciones históricas y administrativas actuales, área comercial de pertenencia y mercados. El texto se acompaña de fotografía de Gumí.

La voz Bofigues de mar -suponemos que redactada también por el mismo Recasens, pues no aparece pie de autor- hace referencia al antiguo barrio de la costa, hoy reconvertido en zona turística. Queda perfectamente deslindado de Les Bofigues de Mar del término municipal de Creixell y de Bofigues perteneciente a Castelldefels. Ha sido un acierto de los realizadores de la Gran Enciclop&dia Catalana (en adelante, G E C ) separar en tres articulos distintos dichos núcleos de población.

Alusiones referidas a Altafulla. aparecen en otras voces de la GEC de contenido más amplio y general, por lo que obviarnos citarlas.

Hasta el momento, el mundo romano se refleja, en el término municipal, en la zona denominada Els Munts sobre la cual Pons de Icart había ya hecho observaciones. Dejando aparte otras cuestiones, en el ámbito de historiadores y arqueólogos, Altafulla se conoce precisamente por las excavaciones que desde 1967 se vienen llevando a cabo de forma sistemática.

Sánchez Real preparó un volumen (3) que viene a constituir un extenso <dossier» sobre los más inmediatos antecedentes, que pueden cifrarse a partir de las visitas que en 1944 realizó acompañado del prof. Valentines (ambos catedráticos del por entonces Instituto Nacional de Enseñanza Media de Tarragona) a la zona, fundamentalmente a las parcelas de D. José García Bermejo. El libro se inicia con un breve trabajo en el que se da cuenta de esa y posteriores visitas, relatándose una serie de incidencias, para continuar con el diario de la exploración arqueológica efectuada del 2 al 14 de noviembre de 1953 (pág. 17 y sigs.) reproduciendo fotografías, planos y dibujos (escalas 1: 10, 1:25, 1:50. 1 :100. 2:25 y 3: 100). Estas representaciones no están numeradas pero se intercalan convenientemente en el texto. Después de unas consideraciones generales aparece la memoria remitida a la Comisaria General de Excavaciones sobre estos trabajos, fechada en enero de 1954, seguida de unas ilustraciones complementarias del material depositado en el Museo Arqueológico Provincial de Tarragona. Cierra el libro la transcripción de articulos de Josep M. Boronat i Recasens y Pere Bosch i Gimpera, el primero aparecido en la prensa (La Publicitat. de Barcelona, 23 de febrero de 1925 y en el diario Tarragona al siguiente día) y el otro en Boletín Arqueológico 123 (1925) 1-23, asi como los del propio Sánchez Real, Los restos de Senna (Diario Español, 7 de junio de 1959) y Palfuriana-Senna, en el mismo periódico (8 de junio de 1949). La edición del volumen fue financiada, en parte, por el Patronato (<José Maria Quadrado~ del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En la publicación periódica de la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense aparece en su sección Noticiario Arqueologico una información de Pedro M. Berges < que viene a sintetizar el estado de la cuestión.

Se conocían, antes de iniciarse la excavación (1967). el depósito de agua -La Tartana-, unos muros de hormigón, otro semicircular y un ángulo de habitación de 4 m. h. y el inicio de un hipocausto junto al bar La Sínia, amén de cuatro mosaicos policromos que ya merecieron la atención de Balil y Paslaska, y que actualmente, habría que añadir, la prof. Rosario Navarro, de la Universidad de Barcelona, recoge en su tesis doctoral.

Sobre la zona de La Sinia se iniciaron los trabajos de excavación que el autor describe (pág. 141 y sigs.), empezando por las habitaciones con mosaico y por el norte de éstas. en donde aparecieron las dependencias de la zona rústica de la villa con una serie de dolia. En la parte más elevada, antes de llegar a La Tartana. se descubre la sala termal, rodeada por un ambulacro algo elevado recubierto por mosaico policromo del que solo se conserva algún trozo. Al este. un pozo excavado en la roca, de 12 m de profundidad y a su este, más dependencias con depósitos de hormigón. Más al este y a nivel inferior. Otra que debía ser celda de castigo para esclavos.

En la parte sur, las termas excavadas en 1970. Y algo lejos, los cortes de una cantera romana, así como otras termas al sur de la villa, junto al mar. Se hallaron esculturas y capiteles, bronces, cerámicas, vidrios, elementos metálicos, un cuño de bronce para estampillar la marca en tégulas y ánforas, pasta vitrea, un anillito de oro y algunas pinturas murales (negroide). La cronologia puede establecerse desde Claudio 1 del s. 1 d.C. a fines del s. rv o a principios del s. V. Puede aseverarse que en los años 60 del s. 111 la villa sufrió la ruina de una de sus partes que ya no se reconstruyó.

El articulo comprende dos planos (termas inferiores y las situadas junto a la playa) y 16 magníficas láminas que nos ilustran sobre los materiales hallados y algunas partes de la villa.

La bibliografía arqueológica altafullense no va a concluir por el momento por la sencilla razón de que las excavaciones prosiguen S.

Respecto al obispo Pere d e Castellet, que lo fue de La Seu d'Urgell en tiempos del Concilio de Trento y al que no pudo asistir por hallarse ocupado contra los hugonotes, olvida el desconocido autor de la voz su lugar de nacimiento que no fue otro que Altafulla.

Sobre la célebre familia de los Montserrat, Rovira i Gómez ha escrito sobre el primer Marqués de Tamarit, hombre del s. xvtr, nacido en Reus -nos referimos a Francesc de Montserrat i Vives-, partidario de Felipe I V en los sucesos de la <Guerra dels Segadors». al cual Carlos II le concedió el título citado, acumulado sobre el señorío de igual nombre. En 1688, nuestro personaje extendía sus dominios, entre otros, sobre las baronias de Altafulla, Biosca, Botarell y Ribelles y los señoríos de Tamarit, Ferrán, Monnars y Cocons, algunos de los cuales compartía con la Mitra tarraconense. La residencia oficial de la familia radicaba en el conocido castillo de Altafulla.

Sobre otro miembro de la misma estirpe, concretamente Josep de Suelves-Montserrat i de Montagut, se alude muy brevemente al serle concedido en 1826 por Carlos VI1 el Vescomptat de Montserrat.

Para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del explorador Joaquim Gatell i Folch, a quien Altafulla dedicó una fuente monumento en 1969, el «Grup de Recerques d'Altafulla», antecedente de nuestro Centre d'Estudis, preparó una edición divulgadora9 sobre la vida y obra de aquel altafullense. El texto es de Salvador Rovira i Gómez, quien elabora una genealogía familiar para estudiar la ascendencia del personaje y prosigue luego con los particulares de1 indivíduo. Las líneas iniciales le sirven para estudiar la situación social de Altafulla en el año 1826. Ellibrito incorpora una fotografía del célebre Caíd Ismail así como dibujos originales debidos a los también altafullenses Joan Antoni Balcells i Gatell (págs. 20 y 31). Albert Boronat i Rimbau (pág. 41) y Josep Buyreu i Mari (pág. 14).

Pulcramente imprimido por Sugranyes, de Tarragona, esta publicación es fiel reflejo de la colaboración de varios altafullenses de origen y de nacimiento en una tarea común, tarea que debe continuar en el futuro. También Alier redacta otra voz para la GEC lo, recogiendo los datos biográficos del africanista y su bibliografía vertida en 1949 al castellano por José Gavira.

Eulialia Duran narra sucintamente« la biografía de Antoni de Marti i Franques, nacido en Altafulla en 1750 y fallecido en Barcelona en 1832, conocido también por Martí d'Ardenya. miembro que fue de varias instituciones científicas y reseñando las dos más importantes obras que ha dejado a la posteridad Sobre la cantidad de aire vital que se halla en el aire atmosférico y Sobre los sexos y la fecundación de las plantas, que en su día fueron comunicaciones presentadas a las instituciones de las que era miembro.

El mundo de las tradiciones y leyendas se plasma en otra muy cuidada edición, obra del barcelonés de 1911, Antoni Gelabert 12, conocido grabador, propia para bibliófilos y adquirentes del clásico libro jubilar, que escribe sobre las «Bruixes» -no «Bruixots», recogiendo una tradición oral muy viva entre los naturales de Altafulla epoble -dice-encimbellat dalt d'un turó, té el mar als peus; el Gaià s'escola per un costat i esea voltat de petites muntanyoles plenes d'histories i d'Història. Abundantes xilografias ilustran el contenido y creemos que éstas constituyen la parte fundamental del libro, si tenemos en cuenta las variedades de la tirada (13). Con todo, a un historiador puede interesarle el contenido de las narraciones en cuanto traslucen aquella humanidad simple y llana de los que fueron altafullenses que, generación tras generación, llegan hasta la nuestra. No faltan las referencias toponímicas bien conocidas (así, el «camí de les Bruixes», entre otras). El primer capítulo «Origen i gestació de la bruixerian es seguido por ocho historietas cerrándose con un «anecdotari».

Los estudios de los s. xvii~ y xix. que con nueva metodología abundan en los últimos años, también se ocupan de la localidad. Actualmente están en curso de ejecución, o próximos a publicar varios de ellos: ahora manejamos los publicados: Un artículo corto -dos páginas- de Rovira i Gómez'Qrata de la familia Gatell, hacendados que participaron en la invasión del Rosellón, encabezando el Regimiento de Voluntarios de Tarragona -Guerra Gran- en busca de nuevos honores, dando noticia de Carles Gatell i Dalmau. Josep Gatell i Marti y Fracesc Pinyol i Gatell ls.

Nuevamente es la GEC la que dedica una voz a la batalla &Altafulla 16, refiriéndose a la derrota que el 24 de enero de 1812 sufren los hombres del Barón de Eroles a manos del general francés Mathieu, a consecuencia de la cual cambia el rumbo de la «Guerra del Frandsw. El mismo Rovira traza una sintesis bien lograda del periodo 1808-1813 l7 utilizando documentación de diversos puntos del Camp (Archivo parroquia] de Altafulla, Prim-Rull de Reus, Municipales de Reus y Altafulla, y fundamentalmente, el de la Junta Corregimental que se custodia en el Municipal de Tarragona). En agosto de 1813, Altafulla ha quedado libre, pero la ruina es general y aún tendrá que soportar las cargas impuestas para socorrer a quienes están en peor situación, viene a concluir.

Nos parece acertado el enfoque dado y que puede concretarse así:

-El inicicio del sigle, solventa ya la Guerra Gran, dando una idea general de la época, con la ruptura con Inglaterra, como fondo, a consecuencia del Tratado de San Ildefonso, entrando en los aspectos particulares de Altafulia

- El desenvolvimiento del pueblo a lo largo del período estudiado, penetración muy detallada gracias al manejo de las fuentes originales antes citadas; sin ellas, nada se hubiera podido escribir

- Las pinceladas contenidas en el epígrafe Sota la dominació francesa. Tal vez, en esta última parte, resulte la descripción un tanto esquemática y apresurada, pudiéndose muy bien haber explicitado con cierto detenimiento la estructura de la Administración francesa. Contrasta la explicación en términos generales con la abundancia numérica y documental de la parte media del escrito. Particularizar en las ins tituciones hubiere compensado sobradamente el estudio económico del que. con fortuna, se hace gala. Ello se debe tal vez a que, según confiesa el propio autor en nota inicial (pág. 135). el cuerpo del trabajo se llevó a efecto en determinada fecha, rectificándose alguna cosa posteriormente. Esto, al leer, naturalmente, se hace notar, e incluso el mismo Rovira da a entender una profundización del tema a posteriori. Investigaciones de este tipo son muy útiles. En primer lugar, ayudan en la hasta ahora poco cuidada heurística de materiales de base para elaborar posteriormente síntesis generales de mayor ámbito territorial. Si como ahora se hace, tiene cierta relevancia el aspecto económico de las cuestiones, habrá que investigar muy a fondo y tabular datos. y para ello, no hay que desechar el estudio a nivel de municipio o comarca: por ahí es donde hay que construir todo el entramado. Solo así podremos obtener después estudios generales que merezcan crédito. Porque una cosa sí es cierta: no podemos lanzarnos a la aventura de escribir manuales de historia general o de épocas determinadas si no ha habido antes un trabajo solvente, pormenorizado o sectorial. No descubrimos un Mediterráneo ''. En segundo lugar, indican que nos encontramos ante un interés por los pueblos que se traduce en elaboración científica, no en cronicones encomiásticos del héroe de turno o chauvinismos propagandísticos de la propia tierra. Lo decimos porque ha sido muy frecuente -eso es un secreto a voces- encontrar por estos mundos rurales -y no tan ru rales- cualquier cosa que se hacía pasar por historia local. Desde una serie de anécdotas bien adobadas hasta, sí, una historia, pero historia que desatendía cualquier otro hecho que no fuera el propio pueblo. huyendo de toda interacción. Creemos que estamos en situación de superar el localismo decimonónico y el «modus operandi» del articulo reseñado es buena prueba.

Finalmente. quisiéramos traer a colación a Mezquida quien ha investigado concienzudamente sobre el acaecer cercano. En su tercervolumen sobre las operaciones militares de la Batalla del Ebro (19) refiere (págs. 151, 190 y sigs.) los incidentes que dieron lugar a la ocupación de Altafulla y alrededores por dos compañías de un batallón de la 105 División. del 17 al 19 de enero de 1939, frente a carabineros y tropas de la 43 División y 102 Batallón mixto, apoyando la relación de algunos hechos en el informe del propio Ayuntamiento y en la testificación proporcionada por los altafullenses Pedro Vives Biosca y María Teresa Rimbau Porta. Estudio típico de historia militar, que, creemos, desde esta particular especialidad nos ilustra adecuadamente.

Otros aspectos o enfoques de la guerra civil última en esta zona del Baix G a k , así como el estudio de otras cuestiones de esta centuria están por hacer. Suponemos que con tiempo y calma podrán abordarse ampliamente, incluso. utilizando técnicas de sociología, en más amplios ámbitos de la reciente historia (periodo de entre-guerras, movimientos sociales, intervención de partidos políticos, elecciones, carestía. etc..etc.). Tal vez podamos en alguna ocasión redactar nuevas notas bibliográ.

Eliseo A. SOLER

1. Josep Recasens, Añefulla, Gran Enciclopedia Catalana. 1 (Barcelona, Edicions 62 S.A.. 1970). p. 684. Como el titulo de nuestro trabajo refiere, éste se circunscribe a la bibliografia del periodo 1970-1977. Debemos destacar el hecho de que en este primer volumen de la G. Enciclopedia aparecen dos fechas de edición -1969 y 1970- por lo que deliberadamente y a fin de recoger la reseña, que nos parece sustancial, optamos por la fecha 1970 a nuestros particulares efectos.

2. (m.), Botigues de Mar, Les. GEC. 3 (Barna., 1971). p. 772.

3. Jose Sánchez Real, Los restos romanos de aEls Muntse -Altafulla. Tarragona, Instituto de Estadios Tarraconenses <Ramón Berenguer'lVs (Sección de Arqueología e Historia, 33) y Diputación Provincial. Tarragona, 1971, 161 pp.

4. Manuel Berges, Informe sobre Els Munfs, Boletin Arqueológico, LXIX-LXX (1969-1970) 340-150C2 fig.+VIII Iám.

5. En este mismo libro (p. 27) el director de las excavaciones escribe de nuevo sobre el tema. Para una aproximación somera, vid., M(iquel) Ta(rradel1). Munfs. els. GEC, 10 (Barna.. 19771, p. 378.

6. (s.=.), Cssfelief, Pere de, GEC. 4 (Barna, 1973). p. 595.

7. Salvadoi-J. Rovira i Gómez. El reusenc Prancesc de Montserrat i Vives. primer Marques de Tamarif, Reus, 1.207 (31 de mayo de 1975). p. 8.

8. (3.a.). Monfserrat, vescomtaf de, GEC. 10 (Barna. 1977). p. 283. Hay que distinguir esta voz de otra identica que aparece en la misma pagina pero que hace referencia a Josep Manso i Juliol.

9. Gmp de Recerques d'Altahlla. Aproximació al coneixemenf f i n Joaquim Gafe11 i Polch (El aCaid Ismailn). Reial Soúetat Arqueoliigica Tarraconense. Tarragana, 1976,45 pp.

10. Ro(ger) A(lier). Gatell i Folch, loaquim. GEC. 8 (Barna., 1977). p. 21.

11. E(ulalia) D(uran) G., Marfi i Franqu4s. Anfoni de, GEC, 9 (Barna.. 1976),p. 647.

12. Antoni Gelabert, Hisfories de les bruixes d'Alfafulla, El xilofórum de la parróquia d'Altafulla, Altafulla, 1971, 130 pp.+boixos.

13. Segwi se lee en el colofón uEl tiratge consta de mil exemplars que constitueixen l'edició original i cent exemplars en tamany reimposat i nominatius. 90 exemplars nurnerats de l'l al 90 contenint proves de planxes rebutjades. un gravat original i una prova d'aquesta planxa inutilitzada, 10 exemplars contenint un dibuix original dána de les iliustracions. esboces i apnnts. proves d'estat dels gravats i una pagina autografica, marcats A a la Xu. Puede verse un reportaje periodístico sobre esta edición y su entorno humano, en lsidre Virgili, Alfahlla y sus kisforias de brujas, aEl Correo Catalán>. Barcelona 13 de agosto de 1972.

14. Salvador Rovira i Gópez, El Regimiento de Volunfarios de Tarragona y la Familia Gatell, Boletín de Información Municipal de la Ciudad de Tarragona, 24 (noviembre-diciembre 1972) 3-4.

15. De este estudio apareció una muy breve recensión firmada par S(o1er) A(lvarez) en Boletin Arqueológico. IV, 129-132 (1975). 103-104.

16. Pere Jofre, Alfafulk, batalla d', GEC. 1 (Barna.. 1970). p. 684.

17. Salvador Rovira i Gómez, Alfafalla en la Guerra del Fran& (1808-1813/, Boletín Arqueológico. [V. 121-128 (1973-1974), 135-162.

18. Sobre este particular, no resistimos traer aqui el ponderado. aún a pesar de su extensión, juicio de un catedrático universitario de historia moderna y contemporánea de nuestros dias: <En orden a los medios de trabajo, lo primero que requiere el presente y el porvenir de nuestro ochocentismo. antes que sea demasiado tarde (en algusos aspectos ya lo es), es una politica de conservación de fuentes que haga posible la reconstrucción histórica de la España del s. xlx. Esta politica ha de afectar a los archivos de todo orden. pero en particular a los locales y a los privados. Es preciso poner fin a las hecatombes de upapel viejon, que muchas veces vienen a acabar de raiz, con la posibilidad de investigar la vida de pequeñas comunidades en las cuales tiende a rastrearse hoy lo más entrañable y significativo de una historia nacional. Convencer a los responsables de estos depósitos de que su valor real está muy por encima del correspondiente al espacio que ocupan puede no siempre ser tarea iacil, como demuestra la experiencia. Una toma de conciencia -en todos los niveles- de que la agran historia» no se identifique con la historia politica ni tampoco con los acontecimientos que han tenido a Madrid por escenario; de que la investigación histórica apunta hay preferentemente en el sentido de la historia local y provinciana, es condición inexcusable para una valoración correcta de mucho papel puesto en trance de desaparición más o menos inmediata. Viene a incidir aqui esta tendencia. mbs arraigada de lo que parece, a identificar lo histórico con lo amuy antiguos: es decir, con lo antiguo, lo medieval, con lo moderno hasta el siglo xwri inclusive. Ayuntamientos y arquitectos -desgraciadamente. Podriamos añadir también corporaciones culturales- que se opondrian al derribo de conjuntos históricos-artisticos barrocos o neoclasicos, resuelven o presencian impávidos la destrucción de las más caracteristicas plazas del xix existentes en determinadas ciudades españolas. Falta en nuestro pueblo. y aún en buena parte de nuestras elifes, la sensibilidad histórica hacia lo contemporaneo, aun tomada la expresión en su sentido más amplio, comprensivo de lo ocurrido desde la guerra de la Independencia acá. No hay que insistir en lo que se juega el pueblo español en este orden de cosas, en la posibilidad de llegar a conocer ese decisivo segmento de su historia de manera análoga a como la conocerán en su dia otros pueblos, digamos más afortunados, de Occidente.n (José Maria Jover Zamora y AA. VV.. El siglo XIX en España: doce estudios, Editorial Planeta S.A., Barcelona. 1974. p. 148).

19. Luis M.= Mezquida y Gené, La Batalla del Ebro (Asedio de Tortosa y combates de Arnposfa. Del d o Guadalope al Gaya. con les ocupaciones de Falsef, Montblanc, Valls, Reus y Tarrayona (1938-39)). Excma. Diputación Provincial de Tarragona, Tarragona, 1970, 259 pp.+6 mapas+ l hoja +graf.


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